Las 5 Razones del Fracaso de Vaca Muerta

Más allá de los anuncios y más allá de las novedades sobre inversiones en la formación petrolífera Vaca Muerta, hay ciertas razones que llevan a que en la Argentina las pequeñas empresas no prosperen y que no puedan crecer, y por lo tanto, no se creen nuevos puestos de trabajo ni se produzca riqueza. A Vaca Muerta hay que verla en un contexto y éste es la legislación de la Argentina.

A continuación vamos a ver 5 razones que llevan a que Vaca Muerta todavía no prospere de la manera en la que debería.


1. La Legislación burocrática y Sindical

En la Argentina en general tenemos toda una serie de sobre-regulaciones y legislaciones integradas por una reglamentación destinada a castigar y someter a quienes quieren emprender pacíficamente con fines productivos. El laberinto burocrático está integrado por regulaciones absurdas y arbitrarias creando trabas legales y obstáculos administrativos que le ponen grandes límites a la iniciativa y a la inversión, trasladándose a los  costos que se tornan excesivos. El obvio resultado es un gran freno a la producción y a la inversión.

Tal vez de lo que más peso tiene es la legislación laboral, que por un lado tiene el sueldo mínimo donde lo que termina haciendo es dejando afuera a los que más necesitan trabajar, por otro lado tenemos las indemnizaciones que terminan siendo una pistola en la cabeza gigantesca y un cepo legal para contratar empleados. Finalmente la frutilla del postre es la legislación sindical que goza de una financiación multimillonaria mediante el cobro de las llamadas obras sociales, es decir, el pago obligatorio de ciertos seguros médicos que manejan los gremios.

El problema se agrava cuando este tipo de oligarquía con privilegios se convierte en una organización mafiosa que, mediante fuerza de ley, puede obligar no solo a la afiliación sino al uso de la violencia con total impunidad, utilizando técnicas coercitivas y de extorsión, agregando los mecanismos de la Industria del juicio laboral. Mediante el continuo uso de la huelga, el conflicto y la confrontación, lo que terminan logrando es la reducción de la productividad, la desaparición de nuevas inversiones, la destrucción de nuevos empleos, el cierre de oportunidades a nuevos trabajadores y la hostilidad continua hacia la innovación, la creatividad y la eficiencia, destruyendo dicha creatividad para mantener sus privilegios y su riqueza. Esto existe desde hace décadas gracias a la legislación vigente.

2. No inversión por las tarifas congeladas

Cuando el gobierno de Duhalde salió de la convertibilidad devaluando el peso argentino (ajustando el sector privado pero sin ajustar el sector público y sus amigos) lo que sucedió fue que a los proveedores de servicios se les prohibió subir los precios de las tarifas, esto convirtió a los precios en ficticios. Los siguientes gobiernos de los Kirchner continuaron con este esquema generando una inflación de niveles impresionantes.
Lo que sucede con un precio artificialmente bajo es que los consumidores, de energía en este caso, hacen un sobre-consumo y un derroche totalmente excesivo y desmedido de los servicios, que lleva a tener un exceso de demanda, con el agravante de que nadie tiene interés en producir dicha energía. Es decir, no tenemos oferta.

Por esto tenemos una caída en la inversión, en la producción y exportación de energía durante el gobierno de los Kirchner. Esto significa que en un momento el esquema se rompe y aparecen los conocidos corte de luz y el racionamiento energético. Es allí donde nos damos cuenta de que esos recursos no eran abundantes y que, una vez iniciado este esquema de control de precios, con sus distorsiones se crea un problema tan grande que implica que para solucionarlo ningún camino va a ser agradable.

3. Expropiaciones y gestión gubernamental

Junto con el resultado del pobre desarrollo económico que se pudo lograr en Argentina tenemos el antecedente de que en 2012 la presidente Cristina Fernández presentó un proyecto de ley para que el Estado argentino expropiara parte de Repsol, permitiendo que la empresa española sea gestionada y saqueada por el gobierno. Lo que esto causó, obviamente, fue alarmar a la comunidad internacional, afectar la imagen del país, ahuyentar la inversión, entrar en conflicto con las partes españolas y provocar una reacción negativa en el mercado internacional, lo que redundó (y redunda) en menores inversiones futuras y por lo tanto mayor pobreza.



Si se mira el gráfico de quiénes son “los dueños” o las empresas que operan en Vaca Muerta, se puede ver que entre YPF y Gas y Petróleo del Estado (GyP) ocupan un 60% de las concesiones. El problema de las empresas estatales, como característica general, es que al mirar su contabilidad siempre han tenido pérdidas, y tanto ese balance en rojo como el exceso de empleados, el endeudamiento y las malas gestiones, terminan siendo pagadas por la población argentina, ya sea con altos impuestos, con emisión de moneda (inflación) o con endeudamiento externo y crisis cada década.

4. La propiedad del subsuelo

Pregúntense por un momento cuál es la diferencia de que una persona encuentre petróleo en Estados Unidos y que lo encuentre dentro de la Argentina. Es que en Estados Unidos se convertiría en rico y en la Argentina no. Por una razón: En Latinoamérica Las riquezas del subsuelo no le pertenecen a las personas, sino al gobierno. La cuestión constitucional, herencia de los regímenes de propiedad del Rey de las instituciones heredadas de España, vigente hasta hoy hace que lo que está en la superficie de un terreno sea propiedad de las personas pero las riquezas del subsuelo son propiedad del Estado o de la nación o de la República, como quieran llamarlo.

En Estados Unidos la posibilidad de encontrar petróleo alimentó los sueños y la inversión de miles de propietarios, emprendedores e inversores independientes que produjeron un nivel enorme de riqueza y prosperidad en lugares que parecían inhóspitos y desérticos pero en la Argentina nada de eso sucedió. Mientras rija este tipo de esquemas, las consecuencias esperadas es que se desvanezcan los incentivos de inversión y de tomar riesgos para la innovación tecnológica llevando a una parálisis la actividad.

5. Nivel de impuestos y subsidios

Finalmente el nivel impuestos termina de entorpecer a cualquier actividad productiva mediante la carga de altos costos a toda la cadena de comercialización. Bien sabemos que en los últimos años al cargar combustible no estábamos pagando solamente el precio Internacional del petróleo y sus costos del transporte sino que también la carga de los impuestos en el sueldo del personal, en el refinamiento, en el flete de los camiones cisternas hasta la estación y en todas las etapas desde los derechos de importación de petróleo, hasta los impuestos que paga la estación, lo que nos llevaba a calcular que el 70% de lo que se pagaba eran impuestos y solo el resto era combustible.

A esto hay que sumar los elevados costos laborales que son cobrados a cada trabajador que incluyen todas las cargas laborales que serán administradas por los legisladores, por los sindicatos y por el gobierno mediante el Anses y etc, dentro de una estructura rígida que afecta tanto al empleado como al empleador y se queda con la mitad de cada sueldo.

Finalmente el Estado implantó un sistema de subsidios que termina privilegiando a ciertos aliados del Estado eliminando los incentivos a la inversión, creando distorsiones en las tarifas de precios y finalmente empobreciendo a la población cuando son cobradas vía impuestos.